Iberia se achicharra
Por Mónica Bar. 28/07/2026
Todos los años sucede lo mismo, la naturaleza parece no
tener propietarios, o es que el nivel de estupidez es tan grande como para
renunciar a nuestra competencia sobre el medio ambiente.
La temperatura del suelo se eleva, la primavera ha sido
tremendamente lluviosa; las DANAs de octubre han destruido pueblos, puentes y
lo peor, se han llevado cientos de vidas por delante.
Este año de 2026 es el levante peninsular, el mar
Mediterráneo, una zona rica por la huerta, la industria del cuero y, sobre
todo, por el turismo.
No es la India, ni Bangladesh, es la península Ibérica. Hace
dos años fallecían decenas de portugueses en una caravana de vehículos
atrapados por las llamas.
Este año el terror se extiende hasta Francia. No se trata de
un problema de una exigua comunidad, el sur de Europa se quema.
El verano ha empezado fuerte, con temperaturas superiores a
los 30º, en lugares suaves como el País Vasco o Galicia.
La vegetación ha crecido en los bosques de manera
incontrolada; aunque parte del ecologismo aboga por que no se intervenga.
Quieren que la naturaleza se mantenga salvaje, como si se tratara de una melena
humana.
Lo cierto es que apenas corren los ciervos, o caballos salvajes
que veía trotar de niña. Y Castilla León y Madrid, sufren el incendio más
devorador de su historia.
Nadie se encarga de la hojarasca. Hasta los jabalíes bajan a
las ciudades para alimentarse. Así, los pinos y otras especies, como el
eucalipto, sirven de acelerantes para los incendios.
Todos estos factores tienen su influyen para que el monte
arda, y todos remiten a responsabilidad humana: inconsciencia, torpeza o pura
maldad.
La mayor indecencia, que no conlleva sanción aparejada, (como
tampoco la hubo en la DANA) es la falta de prevención. Personal antiincendios
mal pagado, o sin formación, o sin contrato. Por fortuna, no hay desgracias
personales hasta la fecha (julio de 2026), algo se habrá aprendido de los
errores de 2025.
Las personas que cuidan el monte, guardas forestales, o
cuerpos de bomberos no deben ser puestos de trabajo estacionales, como los
extras de un chiringuito de playa. La naturaleza avanza sin que una se dé
cuenta. Por eso el mantenimiento forestal debe durar todo el año.
Pero aún hay un factor que merece especial atención: la
propiedad. Los montes los caminos, los prados son nuestro legado, y nos
corresponde protegerlos, desde la fachada a la zona perimetral de las
casas.
Es idílico que las ramas de los pinos te acaricien el tejado, y así ocultarte del vecino. Pero, basta una chispa una colilla mal apagada, un desbroce ilegal, para que ese sueño bucólico se pulverice.
El cambio climático es también nuestra responsabilidad, no
sólo de las políticas ambientales o contra ambientales (negacionistas). Por
encima de ellas está nuestra sensatez: décadas destruyendo la atmósfera, sería
bueno que pongamos un granito de arena en cuidarla.
Salirse por la tangente, para ahorrar gasto público en
programas de prevención, los discursos negacionistas (del cambio climático) los
hacen cómplices de la destrucción de recursos vitales: esa es la especie más
cruel, ingenua, o equivocada del planeta.
“Cuando un monte se quema, algo suyo se quema”, era un
eslogan de los 60, bien pensado para las circunstancias presentes, ¿a quién
beneficia este crimen?


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